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El último rostro de Chávez

El último rostro de Chávez

En una Venezuela donde la palabra objetividad se ha ido diluyendo hasta desaparecer detrás de odios, rabias e intolerancias que han destruido amistades y familias, el libro de Albinson Linares “El último rostro de Chávez” asume un valor muy especial.

Con un trabajo periodístico acucioso y serio, sin dejarse llevar por sus propios sentimientos, imposibles de descifrar a través de las páginas de su libro, Linares nos muestra las múltiples facetas del mito Chávez que han logrado sobrevivir a su muerte.

La personalidad de una figura tan controversial surge de los recuerdos de amigos, docentes, militares, familiares que lo conocieron en las distintas etapas de su vida. Vamos ahondando en sus sueños, descubrimos su terquedad, su innato liderazgo y su ambición desmedida. La autoestima sin fisuras y la convicción absoluta de ser poseedor de la verdad, le han permitido salir adelante aún en las situaciones más difíciles y arrastrar detrás suyo a un pueblo hechizado.

“Hugo Chávez emerge en el correlato colectivo venezolano como un trasunto de la Scherezade oriental que encantaba con larguísimos relatos a ese rey impaciente que muchas veces puede ser el pueblo.” Escribe Linares quien entrevista a analistas, sociólogos, historiadores de distintas ideas políticas, para ir construyendo la “verdadera historia” de un Presidente que ha logrado transformarse en un mito. Como dice la estudiosa Márgaret López Maya, Chávez ejerció una dominación carismática que se basa en la creación de vínculos de tipo emocional. “A la gente no le importa que se viole la ley, no le importa que las reglas del juego no estén claras, ni les interesa la corrupción… pueden pasar trabajo y seguir votando.” Esa fue la gran fuerza de Hugo Chávez y sobre esa herencia siguen apoyándose el Presidente Maduro y el equipo actual de gobierno. Pero ese líder carismático también es odiado con igual fuerza por la otra mitad del país. Odios y amores tan intensos que resulta casi imposible buscar un punto intermedio en un clima tan conflictivo.

Las protestas estudiantiles tratan de ser una respuesta racional a la irracionalidad del mito. Los problemas que motivan esas movilizaciones son problemas que afligen a todos por igual. Y sin embargo no logran crear fisuras evidentes en el amor absoluto que aún rodea al líder venezolano.  

El trabajo de Linares nos permite reflexionar sobre las razones profundas que han permitido que Chávez se transformara en un dios para una parte importante de la población y en el diablo para la otra.

Quizá, como dice el autor, muchos venezolanos tengamos más en común con Hugo Chávez de lo que nos gusta admitir. Entender eso ayudaría a justificar amores y odios, pero sobre todo nos permitiría evitar, en el futuro, que nuestras vidas queden en las manos de un solo hombre, por más carismático que sea.